Prefiero los años que terminan en número par, pero para que haya un par tiene que haber un impar, algo así como el yin y el yang. En todo caso, un año que empieza en fin de semana no puede ser un mal año, así que dejándonos de estúpidos propósitos que nadie va a cumplir, yo me decanto por comenzarlo y perseverar en ello con pensamientos positivos y pensando ya de antemano que me va a ir bien. No es que el destino me vaya a conseguir un trabajo o algo en el campo de lo personal, pero si voy con el pensamiento mágico bajo el brazo seguro que todo me va mejor.
Ahora, que tampoco me voy a quejar del 2010, la crisis y demás ha sido un golpe bajo y bastante doloroso, pero cada vez que me asomo por la ventana y veo mi perra correteando por el jardín soy tan inmensamente feliz que me da igual todo lo demás. Y es en eso en lo que tenemos que basar la felicidad del día a día de nuestras vidas, en esas pequeñas cosas que nos dan una satisfacción tan grande.
Feliz 2011.
ResponderEliminarAunque yo creo que hacer propósitos no es mala cosa para empezar el año, la verdad.
Por lo demás, se va un año pésimo, y empieza otro que lo va a seguir de cerca.