Últimamente la sociedad está sufriendo un tremendo revés, aunque no sé si toda esta sociedad se ha percatado de ello. Nos estamos dedicando a quedarnos estupefactos y reclamar a voz en grito una reforma de la Ley del Menor. Pero ¿es esa la solución? No es que diga que sea justo que una joven de catorce años que asesina a otra de trece a sangre fría y que tiene pinta de ser una verdadera psicópata cumpla sólo cinco años en un centro de internamiento y otros tres en régimen de libertad vigilada, y eso como máximo, que hasta que se celebre el juicio nadie garantiza que no sea menos. No, no es nada justo, pero haga lo que se haga no le devolverá la vida a la muchacha.
Lo que a mí me resulta verdaderamente escandaloso es la creciente aparición de asesinatos perpetrados a manos de un menor de edad. Es normal que el sistema penal no esté preparado para estas situaciones, antes esto no era habitual. Por ello, no voy a apartar la vista de lo que realmente nos atañe a todos y esperar que las leyes lo resuelvan todo. Porque estos sucesos son culpa nuestra, de la sociedad, de la falta de educación hacia nuestros hijos, ellos que son el futuro de nuestra sociedad tienen cimientos de cristal que se quiebran a la mínima. ¿Dónde están los valores? ¿Dónde la moralidad? ¿Dónde el remordimiento, la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo?
Tal vez nos hemos acostumbrado a lo macabro y lo hemos adoptado como algo normal, ver sangre cuerpos diseccionados de forma brutal, vemos gente morir casi en directo a través de nuestros televisores, vemos películas que esparcen sangre gratuitamente y luego por Navidad les regalamos a nuestros hijos videojuegos en los que se convierten en asesinos virtuales.
Aún así, la culpa es completa y absolutamente nuestra, que haya un psicópata o dos, puede ser cierto, pero muchos de estos pequeños asesinos no lo son por problemas mentales sino que carecen de moralidad, de valores. Si no saben respetar las cosas ajenas, rompiendo mobiliario urbano, saltando sobre coches, si no saben respetar a sus mayores, a los profesores, ni tan siquiera a las autoridades, ¿cómo podemos no esperar que acaben perdiendo también el respeto a la vida ajena?
Ojo, que eso de "la culpa es de la sociedad" no es correcto. La culpa es de los padres (o las familias) y los amigos.
ResponderEliminarSi quieres matizarlo más, es de los que les venden tabaco o bebida, o de los sinvergüenzas que hacen programas que se emiten cuando las "criaturas" están viendo la tele.
Pero culpar a la sociedad es lo mismo que no culpar a nadie.
Sí y no, Daniel: cuando se dice "sociedad" nos referimos (yo me refiero) a cada individuo que forman un pueblo. Desde el Rey, hasta el personaje más anónimo. Todos tienen (tenemos, voy a ser amable...) parte de culpa al permitir que las cosas sean como son: padres, familia, amigos, periodistas, políticos, gobiernos, profesores...
ResponderEliminarCon lo que no estoy de acuerdo de ninguna de las maneras, Laura, es con la idea de que no hay "valores" ni "moralidad". ¿Cómo que no? La tolerancia, la libertad, la igualdad, la democracia... ¿qué son? Que a ti no te guste no quiere decir que no haya. Y, en mi opinión, son los valores lógicos e inevitables de esta sociedad global víctima de unas ideas, de una forma de ver el mundo, de unas políticas que nos llevan por un camino determinado. Si queremos cambiar los valores, deberemos cambiar de camino.
Saludos para todos