28 de abril de 2010

En tren

Según un acertado anuncio de Renfe, «el tren vuelve a estar en el centro de nuestras vidas», y no hay nada más cierto si nos paramos a reflexionar en los últimos sucesos con el tráfico aéreo. No es por dejar en mal lugar al avión como medio de transporte, pero somos tremendamente vulnerables, nosotros y nuestra avanzada tecnología, a los tejemanejes de los elementos de la Naturaleza. Nadie nos puede garantizar que el volcán no vuelva a hacer de las suyas, ya que la última vez que estuvo en activo duró unos quince meses, y además, por otro lado, el otro volcán próximo a éste suele despertar poco después.

Y ahora siendo algo retorcidos; ¿no os parece que el mundo está un poco revuelto? Tanto cambio climático, tanto terremoto y tanto volcán. Es como si lo que hubiera bajo nuestros pies se despertara para bramar enfurecido por los males que causamos en su superficie. Claro que los expertos dicen que todos los años tenemos una gran cantidad de terremotos sólo que no siempre coinciden en zonas tan pobladas ni dan lugar a desenlaces tan devastadores, pero, queridos españoles, yo sólo recuerdo que la costa sur de España es una zona de gran actividad sísmica con antecedentes de catastróficos terremotos en los dos siglos anteriores. Cierto que ahora estamos más preparados, pero ¿lo suficiente? Eso sólo lo podrá decir el tiempo y sus circunstancias.

17 de abril de 2010

Divagaciones

A Dios ruego:

-que los días no sean más largos de lo necesario,
-que cuando llueva se laven mis pecados,
-que el sol no brille los días tristes,
-que nunca me ame quien yo amo,
-que mi fiel compañera siga viendo en mí lo que no soy,
-que, a pesar de todo, pueda reír bajo su amparo.

LZP

«Los ojos no pueden ver bien a Dios, sino a través de lágrimas» (Victor Hugo).

13 de abril de 2010

El tiempo y sus locuras

Hay que ver lo loco que está el mundo, y con esto no me refiero a la gente sino al mundo en sí.

Antes que no llovía ni por casualidad y si lo hacía era de noche cuando ni lo veías ni estabas lo suficientemente consciente como para enterarte, y una vez que te levantabas ya estaba todo seco. La única evidencia; mi madre con su pregunta: ¿Escuchaste cómo llovió anoche?

Ahora en Andalucía mencionas la palabra lluvia y casi que se persignan sacudiendo la cabeza y diciendo: ¡Ya deja eso de la lluvia, que salga el sol que es hora!

Claro, tan acostumbrados estamos de los 360 días al año de sol que tras casi tres meses de lluvia ininterrumpida se nos cae el cielo encima.

Antes, y con eso me refiero al año pasado mismo, cada vez que el tiempo predecía lluvia para Andalucía todos nos reíamos, «bah el tiempo nunca acierta», y bien cierto que era. Ahora dan lluvia y ala, por narices llueve, aunque sólo sea un chisporroteo, pasa una nube y tiene que soltar algo.

Ya no nos reímos tanto del hombre del tiempo, no.

9 de abril de 2010

Niños no tan inocentes

Últimamente la sociedad está sufriendo un tremendo revés, aunque no sé si toda esta sociedad se ha percatado de ello. Nos estamos dedicando a quedarnos estupefactos y reclamar a voz en grito una reforma de la Ley del Menor. Pero ¿es esa la solución? No es que diga que sea justo que una joven de catorce años que asesina a otra de trece a sangre fría y que tiene pinta de ser una verdadera psicópata cumpla sólo cinco años en un centro de internamiento y otros tres en régimen de libertad vigilada, y eso como máximo, que hasta que se celebre el juicio nadie garantiza que no sea menos. No, no es nada justo, pero haga lo que se haga no le devolverá la vida a la muchacha.
Lo que a mí me resulta verdaderamente escandaloso es la creciente aparición de asesinatos perpetrados a manos de un menor de edad. Es normal que el sistema penal no esté preparado para estas situaciones, antes esto no era habitual. Por ello, no voy a apartar la vista de lo que realmente nos atañe a todos y esperar que las leyes lo resuelvan todo. Porque estos sucesos son culpa nuestra, de la sociedad, de la falta de educación hacia nuestros hijos, ellos que son el futuro de nuestra sociedad tienen cimientos de cristal que se quiebran a la mínima. ¿Dónde están los valores? ¿Dónde la moralidad? ¿Dónde el remordimiento, la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo?
Tal vez nos hemos acostumbrado a lo macabro y lo hemos adoptado como algo normal, ver sangre cuerpos diseccionados de forma brutal, vemos gente morir casi en directo a través de nuestros televisores, vemos películas que esparcen sangre gratuitamente y luego por Navidad les regalamos a nuestros hijos videojuegos en los que se convierten en asesinos virtuales.
Aún así, la culpa es completa y absolutamente nuestra, que haya un psicópata o dos, puede ser cierto, pero muchos de estos pequeños asesinos no lo son por problemas mentales sino que carecen de moralidad, de valores. Si no saben respetar las cosas ajenas, rompiendo mobiliario urbano, saltando sobre coches, si no saben respetar a sus mayores, a los profesores, ni tan siquiera a las autoridades, ¿cómo podemos no esperar que acaben perdiendo también el respeto a la vida ajena?

4 de abril de 2010

Gente simpática

Como bien dice mi mejor amiga; la gente es buuuurra, y con toda la razón del mundo.
¿Que en qué me baso para hacer esta afirmación? Muy sencillo. La gente prefiere ver a personas aplastadas a ceder un mínimo de espacio para evitar una casi asegurada catástrofe y además se creen los dueños de las calles, ¿que hay una calle llena de gente y alguien quiere pasar? Pues nada, se decide que por ahí no pasa nadie, "porque la calle es de todos", prefiriendo tener a esas mismas personas delante impidiéndote ver el trono que está a punto de llegar que dejarlas pasar y proseguir su camino. Además, ¿eso no es retener a una persona ilegalmente? Te sueltan un "es que ya han pasado doscientas personas por aquí", vale y ¿a mí que me cuentas? Comprendo que no es agradable tener a personas constantemente pasando por ahí, pero eso es lo que sucede en las calles, cosas que pasan, vaya por Dios, que a la gente les da por transitar por las calles... Supongo que eso es lo que tienen los lugares públicos en días festivos y no tan festivos. Luego, cuando los turistas lo consideren un lugar poco hospitalario, se quejarán.